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Vinos y Bebidas:
10 AÑADAS DE CHATEAU CAMOU

Por:Miguel Guzmán Peredo

En el mundillo de la degustación de los vinos, una apasionante actividad que, día a día, adquiere notoria importancia en la cual participa actualmente un creciente número de enófilos, suele hablarse de las catas horizontales y verticales.

Las primeras, que generalmente son “ciegas”, comprenden el análisis organoléptico de vinos de la misma añada (cosecha), elaborados con la misma cepa o con el mismo coupage, de diferentes bodegas vinícolas. Las segundas, las verticales, son aquellas degustaciones sensoriales (no “ciegas”) en las cuales son analizados vinos de diferentes añadas, pero todos los vinos elaborados con la misma variedad de uva o con el mismo coupage proceden, generalmente, de una misma bodega. Existe una variante de las catas horizontales, en la cual los catadores evalúan (usualmente en una cata que no es “ciega”) vinos de diferentes cosechas --generalmente de años consecutivos , elaborados por diversas bodegas con la misma variedad de uva, o con la misma mezcla de cepas.

El creador de esas denominaciones (vertical and horizontal wine tastings, en el original idioma inglés) fue un distinguido literato inglés, George Saintsbury (1845-1993), quien publicó, en 1931, su libro Notes on a Cellar Book y en esa obra, fruto de su pasión por los vinos, dejó asentados esos términos, describiendo los fundamentos de esas valoraciones sensoriales. Cabe agregar que en honor de ese hombre de letras fue fundado en Londres lo que es considerado el más famoso de los “dining clubs” del Reino Unido, el Saintsbury Club, integrado por 50 asociados, que se reúnen dos veces al año, para conmemorar el natalicio y la fecha de la muerte de ese afamado intelectual.

Clive Coates, autor del voluminoso libro (de 816 páginas, consagradas a describir los vinos más afamados de la región francesa de Burdeos) Grands Vins, cuyo subtítulo es The finest chateaux of Bordeaux and their wines, señala que “la cata de vinos es un procedimiento sensual, y nada es más subjetivo que el gusto personal”. Por esta razón, válida e indiscutible, se mostró proclive a no calificar con una puntuación determinada las numerosísimas catas verticales que llevó a cabo cuando redactaba esta documentada obra de consulta. Pero afirmó que si no efectuaba una puntuación numérica sí realizaba un comentario, “adulatorio o desaprobatorio” --en sus propias palabras-- acerca de la calidad de los vinos que degustaba, lo que, a su parecer, equivalía a concederles una calificación a esos vinos.

Cabe agregar, a este particular, que es innegable que a muchos enófilos les parecen mejores (o por lo menos aquellos se muestran más inclinados a preferirlos, lo que es una clara señal de que les agradan más) aquellos vinos que ponen de manifiesto -por su color y su aroma— la evolución alcanzada por su paso en botella. El color atejado y el bouquet de un vino en el cual se perciben olores de barrica y de vainilla, gustan a muchos catadores, mientras que otros consideran que la tonalidad cromática más acentuada, con francos ribetes violáceos, y los aromas a frutos rojos que no han alcanzado la madurez, son preferibles por sobre las características sensoriales propias de los vinos que han sido guardados por algunos años en su envase vítreo.

Chateau Camou es el nombre de una bodega vitivinícola ubicada en un predio denominado “Cañada del Trigo”, en el Valle de Guadalupe, en las cercanías de la ciudad bajacaliforniana de Ensenada. En ese lugar había viñas sembradas hace casi setenta años (1937), y fue allí donde fue establecida una empresa productora de vinos de gran clase en el año 1994, de la cual, desde sus comienzos, el enólogo es Víctor Manuel Torres Alegre, doctor en enología por la Universidad de Burdeos. La idea motriz fue la de elaborar vinos de calidad sobresaliente, que pudiesen rivalizar con aquellos elaborados en los principales países del mundo. Esta aspiración se ha cumplido, con creces, ya que el vino de la marca

El Gran Vino Tinto de Chateau Camou, de la cosecha 1995, fue galardonado en el concurso Challenge International du Vin, celebrado en 1998, en Burdeos, Francia, con una Medalla de Plata.. El vino de la cosecha 1996 igualmente fue distinguido con una medalla similar, en el mismo concurso, en su edición del año 1999. Un año más tarde El Gran Vino Tinto de Château Camou, de la cosecha 1997, fue premiado en el Concours Mondial de Bruxelles --certamen enológico realizado en 2000, en la ciudad de Bruselas, Bélgica-- con la presea Gran Medalla de Oro. En este certamen enológico participaron cuatro mil ochocientos vinos y únicamente fueron concedidas diez Grandes Medallas de Oro, lo que permite calibrar la excelencia del vino El Gran Vino Tinto Château Camou, de la cosecha 1997. Otra distinción muy señalada fue la Medalla de Oro otorgada a El Gran Vino Tinto de Château Camou, cosecha 1999, en el Concours Mondial de Bruxelles, en el año 2001. Otros vinos de la misma marca, de diferentes cosechas, han sido también premiados en otros concursos internacionales.

Con el objeto de evaluar sensorialmente la evolución mostrada por el vino que lleva el nombre de El Gran Vino Tinto de Chateau Camou, se llevó a cabo una cata vertical de diez añadas consecutivas de ese delicioso caldo báquico. Víctor Manuel Torres Alegre y Fernando Zapata, de la empresa Chateau Camou, por una parte, y Miguel Guzmán Peredo, del Grupo Enológico Mexicano, organizaron esta degustación (la cual puede ser calificada de “insólita”, por el hecho de que esta palabra tiene el significado de lo que no es común ni frecuente, y además será irrepetible porque ya no existen las botellas necesarias, de todas las añadas ahora degustadas, para volver a celebrar esta degustación analítica), que se llevó a cabo en las instalaciones de La Casona de Baja California, en la ciudad de México.

En esta cata participaron cincuenta personas, trece de ellos catadores con experiencia en las lides degustativas, y los demás fueron personas con señalada propensión al disfrute del vino, a través de amplio conocimiento en esta deleitable materia. La Mesa de Catadores estuvo integrada, de parte del Grupo Enológico Mexicano, por Patricia Amtmann, Josefina Jácome, Estefanía Gómez, Roberto Quaas, Eduardo Torres, Darío Negrelos, Rodolfo Fonseca, Marco Covarrubias, Gustavo Riva Palacio y Miguel Guzmán Peredo. Como catadores invitados figuraron Esperanza Mendiola, Luis Cárdenas Barona y Rodolfo Gerschman.

Víctor Manuel Torres Alegre describió las condiciones climatológicas existentes en cada uno de los años en que fue elaborado este excelente vino tinto, desde la cosecha de 1995 hasta la de 2004, recientemente embotellado. Mencionó, igualmente, las principales características de la fermentación, vinificación y añejamiento en barrica, propias de cada uno de los vinos de estas diez añadas. Y a continuación, tratándose de cada vino, dos de los miembros de La Mesa de Catadores formularon en forma alternada los comentarios respecto a los aspectos sobresalientes de las cualidades visuales, olfativas y gustativas de cada vino en particular.

Considero conveniente enfatizar, hablando en términos generales, que el vino que lleva por nombre El Gran Vino Tinto Chateau Camou, óptimo resultado de la experiencia enológica de Víctor Manuel Torres Alegre, muestra características organolépticas en extremo encomiables, advirtiéndose en su evolución en botella el minucioso cuidado que el enólogo tuvo, en cada una de estas añadas, para producir tan exquisito vino mexicano.

A los pocos minutos de haber concluido esta degustación fue proyectada una gráfica (resultado de un programa de cómputo especial, diseñado por los ingenieros Roberto Quaas, Enrique Guevara y Gilberto Castelán para el Grupo Enológico Mexicano), que mostró las preferencias --de acuerdo a las calificaciones otorgadas a cada uno de los vinos de los catadores. En dicha gráfica fue posible advertir que los diez vinos alcanzaron calificaciones en extremo semejantes, lo que habla claramente de su finura y delicioso sabor, factores estos que los catadores pudieron advertir en esta degustación.

Los cinco vinos que alcanzaron las máximas puntuaciones fueron los de las cosechas de los años 2000, 2004, 1997, 2002 y 1996, cuyas calificaciones, fueron, respectivamente, 90.67 puntos, 90.11 puntos, 88.78 puntos, 85.78 puntos y 85.56 puntos.

De acuerdo a los parámetros que maneja el Grupo Enológico Mexicano, aquellos vinos cuya calificación oscila entre los 50 y los 59 puntos son considerados “no recomendables”. Si la puntuación se halla comprendida entre los 60 y los 74 puntos, son juzgados “bebibles”. Una calificación entre los 75 y los 84 puntos permite evaluarlos como “buenos”. Si el puntaje oscila entre los 85 y los 94 puntos, son juzgados “muy buenos”. En el caso de que la calificación esté comprendida entre los 95 y los 100 puntos, entonces alcanzan la categoría de “extraordinarios”.

Dichos cinco vinos, los de las cosechas 2000, 2004, 1997, 2002 y 1996 quedaron inscritos en la categoría de “muy buenos”. Los restantes cinco vinos obtuvieron calificaciones entre 80.56 puntos y 84.33, motivo por el cual quedaron dentro de la categoría de “buenos” vinos.

Del vino de la cosecha 2000, que alcanzó el primer lugar en esta cata vertical de diez añadas de El Gran Vino Tinto Chateau Camou, puedo decir que era de color rojo rubí acentuado, con franco halo violáceo. Presentó un escurrimiento simétrico de glicerol. Al olfato se advertía aroma herbáceo, pimiento morrón, especias, café, tabaco, cuero y barrica fina. Al gusto mostró un magnífico ataque, redondo, equilibrado en sus facetas de tanicidad y acidez, y con un retrogusto muy prolongado.

Del vino de la cosecha 2004, que fue calificado con el segundo lugar, diré que presentaba un color rojo rubí intenso, con un definido halo violáceo. El glicerol, simétrico, era manifiesto. Al olfato destacaban los aromas a frutos rojos no maduros, grosella, ciruela, frambuesa y cereza, con un leve toque herbáceo. A la boca fue de magnífico ataque, equilibrado, intenso y gratamente vinoso. Retrogusto prolongado.

Del vino de la cosecha 1997, cuya calificación lo ubicó en el tercer lugar, mencionaré que mostraba color rojo rubí. El glicerol estaba presente. A la olfacción se advertía un aroma en extremo complejo: frutos rojos maduros, especialmente ciruela. Destellos de tabaco, café, pimiento morrón y cuero. A la boca era posible apreciar un gratísimo ataque, intenso, equilibrado y con un retrogusto acentuado.

El vino de la cosecha 2002, que ocupó el cuarto lugar, mostró a la vista un color rojo rubí pálido, con buen escurrimiento de glicerol. Su aroma era de frutos rojos, con predominio de ciruela, y detecté un toque de balsámicos.
A la boca fue de un ataque equilibrado, con discreto predominio de tanicidad de acidez.

Del vino de la cosecha 1996, ubicado en el quinto sitio en esta cata de diez vinos, comentaré que presentaba color rojo granate intenso, con discreto halo teja. A la olfacción detecté aromas de frutos rojos maduros, en vías de pasificación. Además, sutil olor a cuero, tabaco y barrica fina. Un dejo de aromas balsámicos tornaba más grato ese bouquet. A la boca, su ataque me pareció vigoroso, con una agradable presencia de tanicidad y acidez.
MIGUEL GUZMAN PEREDO

guzmanperedo@hotmail.com

www.enologicomexicano.com

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