Don Alonso Quijano, miembro de los niveles inferiores de la nobleza y natural de una pequeña aldea de La Mancha, había leído demasiados libros de caballería. Creyendo ser uno de tales caballeros, emprendió un absurdo viaje. La gran novela El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616) es una sátira de las epopeyas caballerescas de su tiempo pero es también la historia de un héroe singularmente humano. Esta obra monumental, cumple este año, 406 años de su primera edición. En ella se abarcan múltiples aspectos de la vida de aquel entonces: el amor, la política, la religión... y la cocina de la época.

Precisamente por su insuficiencia, la comida, la bebida y el bienestar físico, son en Don Quijote, el tema recurrente que centra constantemente las ideas del antihéroe. Y no es casual que el rechoncho compañero de Don Quijote lleve el nombre de Sancho Panza.
“...Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda...”. Es esta la segunda frase de Don Quijote que, si bien no es tan conocida como la primera, nos da una idea de la importancia que los fogones, el buen yantar y la gastronomía tienen en la novela de Cervantes. Es raro el capitulo en que no haya un breve pasaje referido a la cocina de la época. La novela esta llena con refranes populares relacionados con la gastronomía. Un ejemplo “el vino alegra el ojo, limpia el diente y sana el vientre”
Cervantes y sus héroes conocen la manera adecuada de cocinar: “olla que no has de comer, déjala cocer”, dice un consejo importante. En última instancia, sólo con paciencia puede prepararse una buena comida con garbanzos y carne como la olla podrida. Aparte de este famoso cocido y del pisto manchego, preparado con verduras frescas, en el Quijote se habla de Pastel de Liebre, de tiznao, de perdiz con judías blancas y de la socorrida atascaburras. Todos estos platillos parte de la Muestra Gastronómica del Quijote en el Mesón del Cid.

Dada las constantes situaciones precarias, para Don Quijote el pan de cada día es un bien valioso, la fuente del bienestar corporal y el origen de profundos conocimientos filosóficos: “El pan de ayer, la carne de hoy y el vino envejecido, aseguran la salud para todo el año”, y más adelante dice el inteligente caballero: “Cuando como, no sé nada. Pero cuando he acabado de comer empiezo a saber”
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